
Todo comenzó un domingo del mes de Octubre. Mientras la familia estaba cenando sonó el teléfono de una casa humilde en la que vivían cuatro personas de muy pocos recursos. En la casa vivía un matrimonio con una hija de quince años y un hijo de veinte. La llamada era para el hombre de la casa al cual advirtieron que preparara a su hijo, porque a la mañana siguiente se lo llevarían a un campamento militar para entrenarse, ya que los generales habían acordado que todos los niños mayores de veinte años se los llevarían para participar en unas maniobras que se realizarían en Afganistán.Al día siguiente como lo dicho, se presentaron a las seis de la mañana dando golpes en la puerta. El chico salió asustado pero no tuvo más remedio que irse con ellos. Ese mismo día, después del largo camino que habían recorrido él y otros muchos chicos en una camioneta, acomodaron sus cosas en las habitaciones que les habían asignado a cada tres chicos y seguidamente empezaron a entrenar. Ellos no estaban acostumbrados a ese tipo de trabajo y esfuerzo y más de uno se desmayaba por la mala alimentación y debido al cansancio. Después de unos meses llegó el día de irse a Afganistán para aplicar todo lo que habían aprendido en los meses que habían estado aislados. En un principio iban para realizar unas maniobras y para apoyar a los soldados de Afganistán. En los primeros días una las maniobras salió mal, en ella iban bastantes soldados y uno de ellos era el hijo de ese señor al que habían llamado. Cuando avisaron a los familiares de lo sucedido no sabían con certeza de quienes eran los cadáveres que habían encontrado y si había algunos que todavía estaban perdidos. Pero sí, no hubo suerte, el pobre chico era uno de los que habían muerto aquel día.Finalmente tuvieron que suspender durante un tiempo las maniobras, por la queja y el desespero de las familias, hasta que las cosas se tranquilizaran pero una vez pasados los días volvieron a lo mismo y no por culpa de los superiores, que son a los que nosotros siempre echamos la culpa, sino porque todo esto, es ley de vida.
Es ley de vida, sí, pero ¿de qué vida? ¿Somos nosotros realmente quienes decidimos que las guerras son necesarias? ¿Qué se protege realmente en una guerra? ¿Qué ocurriría si dijésemos "no"?
ResponEliminaSi dijesemos "no" podrían ocurrir muchas cosas, tanto buenas como malas, pero como no lo decimos así está el mundo.
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