Anchiano Da Vinci, pueblecito de la Toscana, en Italia.
Un notario y su mujer campesina, son padres de un niño, nacido el quince de Abril de 1452, llamado Leonardo de Ser Piero. Su infancia transcurre entre juegos que ningún otro niño jugaba. Un día soñaba que inventaba máquinas aún no descubiertas. Otro día con barro hacía esculturas. Le gustaba también sentarse a la puerta de su casa, ver a la gente pasar y fijarse en su aspecto, su anatomía, si tenían la nariz grande o pequeña, si tenían los ojos rasgados o saltones, si eran bajos o altos… Había días, que quería descubrir con sus amigos, el principio del universo o también de dónde venimos los seres vivos, pero realmente para sus amigos, era un aburrimiento y preferían jugar a juegos banales. A Leonardo no le importaba, él solo con sus fantasías era feliz. Pero lo que más le llenaba era pintar.
Se las ingenió para pintar con el carbón del fuego de la noche anterior las paredes de su casa. Era cuando más a gusto se sentía, pintando.
Pasó de la infancia a la adolescencia y se dio cuenta que sus juegos se habían convertido en inquietudes y a la edad de diecisiete años, decide marcharse a Florencia donde trabajará como aprendiz.
Cuando entró por primera vez en aquel taller sintió que estaba en casa, ¿cómo podían existir tantas pinturas?. Para él era como estar en el paraíso. Tan bien se sentía, que aprendió rápido técnicas de dibujo y pintura. Tres años después, ingresa en la asociación de pintores de la ciudad de los Medicis.
Estudió con Andrea de Verrochio, con él hizo sus primeros trabajos, proyectos, diseños y pinturas. Al principio empezó haciendo retratos religiosos, pero también tenía ganas de hacer otras cosas. Quería cambiar de aires. Le propuso a su maestro irse a Milán. Andrea sabía que ese momento iba a llegar, Leonardo tenía mucha capacidad para pintar y allí ya no podía hacer más, así que decidió ayudarlo. Contactó con personas importantes, hasta que encontró el más adecuado, era el Duque Ludorico. Con una mezcla de tristeza pero también alegría, Leonardo puso rumbo a Milán.
Allí, gracias al Duque, conoció a la nobleza de Milán y empezó a hacer retratos de mujeres importantes, pero su capacidad intelectual era tan grande que no solo pintaba, sino que todos aquellos juegos que hacía de pequeño dejaron de ser fantasía para convertirse en realidad.
Decidió dejar un poco la pintura, para centrarse en otros terrenos que también le fascinaban. En su habitación no tenía apenas espacio para moverse, estaba lleno de hojas con dibujos, a uno de ellos le puso el nombre de helicóptero, a otro, carro de combate. También había un dibujo al que llamó automóvil y otro submarino. La gente que entraba en su habitación, no comprendía muy bien para que servía todo eso, e incluso algunos pensaban que era una pérdida de tiempo. Pero a Leonardo, como siempre, le daba igual lo que opinasen, él sabía que algo importante saldría de todo esto y que algún día, la gente opinaría lo mismo.
Por otro lado, también sentía la necesidad de escribir y hacer poesías. La escritura era otra vía de expresar sus inquietudes y pensamientos. Lo primero que escribió, fueron las siguientes estrofas:
-La belleza perece en la vida
pero es inmortal en el arte
el que no valora la vida
no goza de lo más importante.
-Hay que vivir el momento
porque el tiempo se va,
no hay que dejar perderlo
pues pasa y no volverá.
A través de la música, canalizaba sus sentimientos, así que aprendió e incluso escribió partituras. También ponía especial interés en la ciencia e ingeniería.
Su nombre cada vez sonaba más fuerte en la sociedad italiana, todo el mundo lo conocía por alguna de sus poesías, por alguna obra musical, por alguna escultura (que también tenía tiempo de hacer), por algún pensamiento filosófico, invento, arquitectura, en fin, que se había convertido en la persona con el mayor número de talentos en múltiples disciplinas que hasta el momento había existido.
Tras unos años regresa a su gran pasión, la pintura. Siguió haciendo retratos de cortesanas, encontraba en las mujeres un atractivo especial para pintarlas, solo ellas eran capaces de reproducirse. Había momentos que le hubiese gustado ser una de ella, para poder experimentar ese gran logro de la vida, llevar un ser vivo dentro.
En el año 1505, a los cincuenta y tres años, decide hacer un óleo, en él refleja una dama con una sonrisa enigmática, mirando ligeramente a la izquierda. En la cabeza le pinta un velo y la pinta sentada en un sillón, apoyando los brazos en los apoyos de este. Decide también, pintar un paisaje, que le recuerda el que él veía en los Alpes y pinta un puente para dejar constancia de lo importante que es para él la ingeniería i la arquitectura.
Estuvo prácticamente un año para acabarlo, pero cuando lo hizo, no tuvo dudas de que sería una obra maestra. Al cuadro le puso el nombre de La Gioconda, aunque también le gustaba La Mona Lisa.
Algunas personas que lo vieron, no sabían muy bien si en verdad se trataba de una mujer o que era un hombre con el cuerpo de mujer. Él, como siempre, dejó que cada uno pensase lo que quisiese.
Un tiempo más tarde, pintó en la pared de una iglesia lo que reflejaba la última cena de Jesús con sus discípulos. Leonardo, en todas sus obras encerraba un mensaje. A la derecha de Jesús, quiso pintar a María Magdalena, para darle según él, la importancia histórica que merecía. Para él, fue mucho más que una simple prostituta.
Había veces que pasaba desde el alba hasta el anochecer subido al andamio, sin dejar de pintar. Después pasaba tres o cuatro días sin pintar, pero sentado mirando con los brazos cruzados su obra. Cuando terminó, la consideraron la mejor obra de Leonardo.
A partir de este momento, lo consideraron un genio. Siguió haciendo muchas más cosas y es considerado un mito.
Sara Giménez Sanz 1Bat B.
Leonardo es un personaje polifacético, ¿verdad? Es seguramente uno de los personajes (sino el que más) más apasionantes de la historia. Con tu relato reflejas esa multiplicidad de pasiones, esos miles de proyectos que anidaban en su mente.
ResponEliminasi, siempre tenia proyectos pendientes y sabia hacer de todo, un genio.
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