
Estaba muy entusiasmada: porfín, el 24 de agosto de 1562 se inauguraba el monasterio de San José. Después de dos años de luchas, llegó a mis manos la bula de Pio IV, necesaria para la erección del convento de San José en Ávila. Tomaron el hábito cuatro novicias en la nueva Orden de las Carmelitas Descalzas de San José, las cuales eran amigas mías porque tiempo atrás habíamos sido compañeras en el convento de La Encarnación; eran de mi confianza, y sabía que cumplirian muy bien con su dever, porque eran unas grandes devotas, servidoras ejemplares de Dios.
Lamentablemente, nada más que cuatro horas después de la inauguración, me llegó a los oídos por parte de mis novicias y sus discipulas del nuevo convento que los altos consejos de Ávila, aunque no entiendo por qué, querían impedirme la estancia en el nuevo convento de San José. Me quedé muy decepcionada, porque tenía muchísimas ganas de convivir con mis devotas el nuevo convento, pero por lo que se ve, a ellos no les gustaba esa idea, así que decidí averiguar el por qué no querían. Decidí ir a hablar con los altos consejos de Ávila para que me explicaran el porque no deseaban mi estancia en San José, y su respuesta me dejó más que indiferente: me dijeron que sus personas de confianza les habían informado de que mi pasado era muy ajetreado y turbulento, cosa que aún me dejo incluso más plasmada, y que por ese motivo pensaban que el convento de su ciudad no podía ir bien con alguien como yo en su jefatura. En un principio no supe que hacer, ya que la gente que me acusaba era muy poderosa, pero me vino a la cabeza una gran idea para demostrarles que sus palabras eran mentiras, una idea que debo admitir, fue impresionante: improvisé un poema para demostrarles mi devoción hacia mi Dios, que aún recuredo, hacía así:
Oh, Dios todo poderoso,
que con tu amor me criaste,
que por tu más que gran arte
siempre seras muy grandioso.
Por la noche me desvelo,
porque pienso mucho en tí,
¿qué mandais hacer de mí?
porque por eso iré al cielo.
Con estos versos improvisados, llegué a convencer-les de que mi credibilidad hacia Dios era cierta y no como ellos me negaban antes de que les recitara auquellos simples versos, aunque cargados de buena fe hacia Dios. Al final, me dejaron vivir en el convento.
Nacho Casanova Gómez
1 Bat. B
Moises,soy nacho que desde mi ordenador no me dejaba y lo hemos subido desde el ordenador de Carles.
ResponEliminaMe a gustado , pero creo que por el pasado no se debe juzgar a nadie , ya que todos tenemos errores, y creo que con un simple poema no pueden cambiar de opinión tan fácilmente.
ResponEliminaMuy poco parece que piden los "consejos" de Ávila para permitir que Santa Teresa consiga lo que buscaba.
ResponEliminaLa historia es un poco pobre, porque solo habla de un problema que se resuelve muy facilmente y no entiendo el papel de sus novicias. Pienso que Santa Teresa tenía muy clara su devoción y que no hace falta vivir en un convento para dedicarse a Dios. No me parece bien que el consejo la juzgara por su pasado pero finalmente consigue lo que quiere.
ResponEliminaEl poema me ha gustado mucho y creo que encaja perfectamente con la historia.
Nacho, me has gustado mucho tu relato, se nota que te lo has currado aun que podrias haberlo hecho mejor, pero lo que mas me ha gustado es el poema, eso si que se nota que has estado mas de un quarto de hora pensando cada una de las palabras que has puesto. Esta bien hecho, aun que te se dan mejor los poemas :P PER MUY ES BUENO :D!
ResponEliminaalgo corta la historia aunque el poema esta muy bien relaizado.Buen trabajo!
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