dijous, 19 de gener del 2012

Un día inolvidable para Santa Teresa de Jesús.




Estaba muy entusiasmada: porfín, el 24 de agosto de 1562 se inauguraba el monasterio de San José. Después de dos años de luchas, llegó a mis manos la bula de Pio IV, necesaria para la erección del convento de San José en Ávila. Tomaron el hábito cuatro novicias en la nueva Orden de las Carmelitas Descalzas de San José, las cuales eran amigas mías porque tiempo atrás habíamos sido compañeras en el convento de La Encarnación; eran de mi confianza, y sabía que cumplirian muy bien con su dever, porque eran unas grandes devotas, servidoras ejemplares de Dios.

Lamentablemente, nada más que cuatro horas después de la inauguración, me llegó a los oídos por parte de mis novicias y sus discipulas del nuevo convento que los altos consejos de Ávila, aunque no entiendo por qué, querían impedirme la estancia en el nuevo convento de San José. Me quedé muy decepcionada, porque tenía muchísimas ganas de convivir con mis devotas el nuevo convento, pero por lo que se ve, a ellos no les gustaba esa idea, así que decidí averiguar el por qué no querían. Decidí ir a hablar con los altos consejos de Ávila para que me explicaran el porque no deseaban mi estancia en San José, y su respuesta me dejó más que indiferente: me dijeron que sus personas de confianza les habían informado de que mi pasado era muy ajetreado y turbulento, cosa que aún me dejo incluso más plasmada, y que por ese motivo pensaban que el convento de su ciudad no podía ir bien con alguien como yo en su jefatura. En un principio no supe que hacer, ya que la gente que me acusaba era muy poderosa, pero me vino a la cabeza una gran idea para demostrarles que sus palabras eran mentiras, una idea que debo admitir, fue impresionante: improvisé un poema para demostrarles mi devoción hacia mi Dios, que aún recuredo, hacía así:

Oh, Dios todo poderoso,

que con tu amor me criaste,

que por tu más que gran arte

siempre seras muy grandioso.


Por la noche me desvelo,

porque pienso mucho en tí,

¿qué mandais hacer de mí?

porque por eso iré al cielo.

Con estos versos improvisados, llegué a convencer-les de que mi credibilidad hacia Dios era cierta y no como ellos me negaban antes de que les recitara auquellos simples versos, aunque cargados de buena fe hacia Dios. Al final, me dejaron vivir en el convento.


Nacho Casanova Gómez

1 Bat. B

UN DIA EN LA VIDA DE DONNATELLO

Estando hoy aquí con este bloque de bronce me acuerdo de mis días en el taller de Ghiberti que me enseño todo lo que se en el arte de la orfebrería y pude hacer mi mayor obra el David de mármol, no fue mi unica fuente de inspiración ya que la visita a Roma con Bruneleschi, me permitio ver la arquitectura romana. Otra persona de la cual aprendí mucho fue de mi asociación con Nanni di Banco que durante mi juventud me ayudo a perfeccionar mis primeras obras como uno de los pequeños profetas.

Una de las cosas de las que mas me siento orgulloso es de la placa que me dedicaron en el Palacio Veccio esas palabras las tengo grabadas en mi cabeza: PRO PATRIA FORTITER DIMICANTIBUS ETIAM ADVERSUS TERRIBILISSIMOS HOSTES DII PRASTANT AUXILIUM (los dioses dan soporte a la patria a la audacia contra los combatientes enemigos mas temibles).

Una de mis obras favoritas fue el San Juan Evangelista ya que intente captar la realidad de la forma humana.

Cuando me asocie con Michelozzo empecé a trabajar en obras de carácter fúnebre como lapidas, panteones, etc. También hicimos el pulpito la catedral del Prato.

Uno de los peores momentos fue de cuando me amenazaron con ponerme una multa si no regresaba a Florencia, pero por suerte esto me permitio terminar viejos proyectos.

Como me acuerdo de uno de los mejores amigos que he tenido Cosme de Médici. Conocí a los Médici cuando estuve en casa de los Martinelli. Quien iba ha decir que el hijo de un cardador llegaría a codearse con gente de este calibre supongo que nadie sabe lo que le depara el futuro. Gracias al sueldo vitalicio me ha ahorrado muchos problemas aunque me alabo mucho que me diera una hacienda aunque no me gusta el campo.

Para diseñar la Anunciación decidi cambiar de estilo y represente una imagen bella de la Virgen cuando se le Aparicio el ángel a darle la buena noticia.

Cuando regrese a Florencia pensé que seria mejor darle mas expresionismo a mis obras para darle un carácter mas psicológico para expresar las dudas que tenia en el humanismo, una de ellas fue Maria Magdalena de la penitencia que muestra la redención de sus pecados. Piero de Medici le encargo una obra para su fuente y esculpio a Judith y Holofernes símbolo de lo libertad y la victoria del débil hacía el fuerte.

Hoy pienso en mi vida y estoy contento de haberme dedicado a mi gran pasión.

Yo siempre quise saber que era arte

Y yo pensaba que era desearte

Pero tu empezaste a odiarme

Y solo quería enamorarme

Ahora solo adoro a Marte

Porque yo solo pienso en amarte

y el dolor ya es insoportable

que mi muerte ya es inevitable.

dimecres, 18 de gener del 2012

Unos días en la vida de... Petrarca.

Hoy es un día muy trágico para mí, el cielo está nublado, no ha salido el sol en toda la mañana, mi padre ha fallecido. Tengo un sentimiento muy extraño, mi padre significaba mucho para mí. Regrese a Aviñón, mi ciudad preferida, donde viví desde los ocho años, donde pasé toda mi adolescencia. Al volver todo era igual, el paisaje era tal y como lo recordaba. Una vez allí, un viejo amigo de mi abuelo me informó de una batalla, la “Batalla de las Navas de Tolosa” que ganaron los cristianos ante los musulmanes en territorio Español, esa historia me fascinó.

Salí a por algo de comer, en el mercadillo, ví a una joven doncella muy hermosa, la muchacha tenía unos labios muy carnosos y el pelo ondulado, intenté hablar con ella pero cuando me di cuenta había desaparecido como por arte de magia. Como todos los días, iba a casa de mi amigo Simone Martini, a él le gustaba mucho pintar y un día de verano conocí a Laura, era la muchacha que vi en el mercadillo. Era de un pueblo cercano, no la recordaba tan hermosa, parecía un ángel caído del cielo. Cada día que pasaba me enamoraba más y más. Empecé a escribirle poemas para demostrarle mi amor. Una tarde estábamos paseando por el bosque y encontramos a mi amigo Simone pintando un paisaje otoñal, fuimos a saludarle y le presenté a Laura, quedó maravillado de su belleza. Simone le propuso hacerle un retrato, a lo que Laura aceptó. Fueron muchas tardes de trabajo en el estudio, mientras yo le escribía los poemas de amor.

Al poco tiempo me convencí a mi mismo de hacer la carrera eclesiástica. Viajé por media Europa, como Italia, Francia, Alemania y los Países Bajos. En Florencia, conocí a Giovanni Boccacio, ya había mantenido alguna correspondencia con él desde algún tiempo antes. Decidí hacer el último poema dedicado a Laura, y esto es lo que surgió.





Si no es amor, ¿qué es esto que yo siento? 
Lo reconozco en todo mi corazón, ¿qué es? 
No sé lo que es, ¿pero son reales? 
Tampoco lo sé, solo digo que lo presiento. 


Si ardo por gusto, ¿Por qué me lamento?
Amor de mis amores, piérdete en mis mares,
no te escondas, estas en todos los rincones,
déjame solo con este cruel sufrimiento.


Y si consiento, error grave es quejarme.
¿Por qué tu fiel amor me está matando?
-Cuando intento lo mejor para los dos-


Días, horas, minutos y segundos llorando,
no lo dudes, lo primero será embarcarme,
sin rumbo al fin de los mundos.



dimarts, 17 de gener del 2012

Los días en que Miguel Ángel Buonarroti pintó La Crucifixión para Vittoria Colonna


Pienso en como he llegado hasta aquí, y no se si es que dios me ha enviado ha este mundo para que le dedique mi vida, o era esta razón de mi existencia, porque nunca antes había contemplado semejante belleza. Su luz resplandeciente dejaba boquiabierto a cualquiera, y no descansé hasta que logré mantener contacto diario con ella, que día a día cruzaba la plaza donde yo vivía para acceder a su iglesia, donde invertía su tiempo para alabar al señor y darle gracias por su protección.

Los días pasaron y el fruto de nuestro amor maduró, al igual que sus ganas por entregarse a dios.

Mi amada Vittoria, que así es como se llamaba, me pidió un grandioso favorque me inspiró de tal forma que dedique cada segundo en acabar aquella obra, aquel cuadro, que tan feliz a ella le haría cuando lo viese. Ella me pidió que le pintase un cuadro, un cuadro que representara la crucifixión de cristo, y incluía a la Virgen, San Juan, y unos angelotes, pero la finalidad de la pintura era que le ayudara en sus oraciones privadas, así que le pinte un pequeño calvario logrando así complacerla.

Y en mis noches escribía para ella...



Oh, mi bella mujer amada

que apareciste de la nada.

Tus ojos, cada momento,

rechazan mi encuentro.



Despertar cada mañana,

y poder pintar tu cara,

mientras nuestro dios atento

me da sustento.


Te ví, te veo, te veré,

y cada dia al pasar

mis manos te podrán tocar.



y aunque esto no es normal

siento que te voy a besar

para no olvidarte jamás.



Pero a ella le llego su día al igual que a todos, porque dios por alguna razón decide que debemos ir con el, y acompañarle para siempre. Su ausencia se hizo de notar en mi vida, y aún sabiendo que ella esta protegida a su lado, también me hubiese gustado que lo estuviese al mio, porque su pérdida en mi un fuerte dolor causó.





Oh mi amado dios, ¿porque?

Siempre tuviste mi dolor,

y ahora ella, mi gran amor,

la mujer de mi corazón,

ni me dedica un adiós.





Los días transcurrían y mi dios a mi amada no me devolvía, así que decidí premiarla por sus tantos buenos momentos que ella me proporcionó, y recupere el cuadro para incluir a María Magdalena abrazada a la cruz de Cristo y portando sobre los hombros un pañuelo como símbolo de su viudez.

Y así fue como sumido en mi dolor mas profundo, no tuve mayor remordimiento en este mundo, que haberla dejado marchar sin besarle la frente, ni el rostro, como bese su mano cuando fui a visitarla en su lecho de muerte.










diumenge, 15 de gener del 2012

Unos días en la vida de Bocaccio

Comienza un nuevo día, Nápoles amanece repleta de luz, mientras yo continúo en la cama, los problemas son menores. Mantener la mente en blanco me evade de todos esos problemas. Pero cuando pongo los pies en el suelo, sólo intento comprender quién será capaz de arroparte con la mirada. Este gran dilema me pasaba por la cabeza muy de vez en cuando, pero últimamente es la rutina del día a día. Poco a poco, el sufrimiento que siento por tu desdén me está consumiendo por dentro.

Se me gastaron las flores de primavera y los abrazos en navidad, al saber que llenabas mi vida y ahora se acabó. Dicen por ahí que has cambiado, que por aquello que sonreías ahora es un secuestro de tus manos. No sé si será la distancia o la falta de tiempo querida Fiammetta. Supongo que de ti depende y de mí, que entre los dos siga siendo ayer noche, hoy por la mañana .Aunque recuperar tu amor, sea una locura. Pero como me solía decir mi gran maestro Cino Da Pistoia: -No estás loco de amor, y de amor, muy pocos mueren. Entonces únicamente se me ocurre pensar que la vida sigue, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Este es sólo mi lado optimista.
Puedo entender que tú, linda y hermosa Fiammetta, con tu alto linaje, no te puedas relacionar con baldíos artistas como yo. También puedo entender que tu esposo, ese gentilhombre, haya vuelto a casa y seas mujer de un solo hombre. O que hayas creído que mi amor se ha convertido en osadía. Pero necesito una respuesta, un porqué a este inesperado final. Fiammetta, me despido de ti esperando una contestación.
Atentamente: Tu amado Giovanni Bocaccio.

Hoy, 26 de Noviembre de 1340, Bocaccio se encontraba en su casa de Nápoles. De un momento a otro llamaron a la puerta. Bocaccio estaba en su habitación repleta de libros y apuntes. Éste abrió la puerta, se trataba de un caballero de la Corte de Roberto de Anjou que le traía una carta con un sello de Florencia. Bocaccio estaba muy sorprendido, no solía recibir muy a menudo noticias de su familia. Con gran entusiasmo abrió el sobre. La carta era de su padre, el mercader Bocaccio Di Chellino. En la carta, su padre se sinceraba con él y le explicaba con duras palabras el fracaso de sus negocios en Florencia. El mercader, a duras penas, le confesó que no había otra alternativa, debía mudarse a Florencia junto a él y ayudarle en sus negocios.

Antes de su marcha, Bocaccio le escribió unos versos a su amada como despedida:

Amar es cosa divina, si se adivina mi amada
Si no se inventa una reina, una princesa lejana,
pero yo necesito tu amor aunque sea en vano.
Si no prefiero morir de amor, de deseo mundano.

Mi profundo amor es como un eterno claroscuro,
quizás es producto del dolor de mi corazón puro,
quizás es producto de mis pensamientos confundidos.
Pero te siento lejana, sin caer en el olvido.



Estas fueron las últimas palabras que Bocaccio le dedicó a su amada pero no sus últimos pensamientos.

El gran día de Brunelleschi.


Cuando me he levantado, parecía que iba a ser uno de esos típicos días llenos de buenas ideas, que al fin y al cabo, siempre acababan pasando desapercibidas o rechazadas entre los grandes de mi gremio...

Mi vida era un sin sentido: fracasé en la pintura, y que decir de aquel fatídico día de 1401... Vaya por Dios, ¡mi escultura era la mejor! Mis bajorrelieves de bronce para las puertas del baptisterio eran perfectos, sublimes, impresionantes, pero no, aquel bastardo fue premiado por una inverosímil obra que atendía fielmente a los requisitos del concurso, y que lamentablemente hoy, en 1418, está ahí, presidiendo el baptisterio de la ciudad. Maldita agonía siento al pasar por allí, durante 17 largos años, viendo como mi obra hubiera lucido muchísimo mejor. ¡Cazzo bastardo figlio di puttana! Mi escultura fue rechazada, nadie quiere oír hablar de innovaciones, todos se empeñan en lo gótico. Dejé también de lado la escultura como hice con la pintura después de mis tropiezos en ambas artes, para centrarme en mis amadas matemáticas, donde muchos decían que se encontraba mi futuro; lamentablemente, ya no dicen lo mismo. Decidí aplicar esas fabulosas matemáticas a algo que me atraía desde pequeño: la arquitectura. Mis ideas, con el soporte de las matemáticas, fueron fuertemente catapultadas hacia un estilo, en mi opinión, fascinante: el retorno al arte de los clásicos. Mis ideas se centraban en la proporción y la perspectiva, de las que fui dotado gracias a las matemáticas, creando algo nuevo, algo mucho mejor, algo, como no, rechazado... ¡Todo debía ser gótico, gótico y mas gótico! Mis andaduras como arquitecto iban a peor, nadie me apoyaba en mis innovaciones sobre lo ya establecido, ¡maldita gente conservadora!

Después de todos estos fiascos, hacía ya días que pensaba en dejarme también la arquitectura y dedicarme exclusivamente a las matemáticas, cuando hoy, al fín, ha llegado mi oportunidad: me llegó una carta a modo de invitación de los altos consejos de Florencia. La construcción de la catedral de mi ciudad, la Santa María de las Flores, estaba parada porque, según explicaba la carta, su arquitecto, Arnolfo di Cambio, no sabía que hacer con la cúpula de la catedral: por la altura del edificio, la cúpula que debía cubrir dicho crucero no podía ser totalmente semiesférica por posibles problemas en el sistema de empujes y contrarrestos de fuerzas, y acudieron para solucionar este problema a un matemático experto a sus 41 años, a quien 17 años antes habían despreciado, a Filippo di Ser Brunellesco Lapi. Mi sentimiento de rencor me hizo pensarme la oferta varias veces, pero vi en esta una oportunidad de que Florencia entera pudiera ver todos los días cuando se levantase, en lo más alto, el estilo del futuro, el clásico dominando el cielo de la ciudad, y acepté porque sabía que no rechazarían mi idea, ya que era la única capaz de proporcionar una cúpula estable y poderosa al edificio que por lo que llegaba a mis oídos, iba a ser el mas emblemático de la ciudad, símbolo internacional de mi amada Florencia.

Debo admitir que esta mañana me puse un poco nervioso a la llegada de la carta, pero para apaciguar ese nerviosismo antes de cenar, he decidido ponerme a componer algunos versos, que debo admitir, me han salido bastante bien:

Rechazos y desprecios

dan suceso en mi alma,

a que no descanse esta en pura calma

por ausencia de aprecios,

mas no hay que desesperar en vida,

porque la suerte finalmente llega,

y viene y te lega

la satisfacción que tanto en tu vida,

ha carecido de ella tu gran alma.

Después de releerlos, he comprobado que podrían haberme salido mejor, pero pasado el nerviosismo, en cuanto he terminado de cenar, he contestado la carta con un si rotundo y me he puesto a pensar en nombres para esa futura cúpula... Tal vez "El Duomo", pero es solo una idea.


dimarts, 10 de gener del 2012

El italiano más célebre : Leonardo Da Vinci.

Anchiano Da Vinci, pueblecito de la Toscana, en Italia.
Un notario y su mujer campesina, son padres de un niño, nacido el quince de Abril de 1452, llamado Leonardo de Ser Piero. Su infancia transcurre entre juegos que ningún otro niño jugaba. Un día soñaba que inventaba máquinas aún no descubiertas. Otro día con barro hacía esculturas. Le gustaba también sentarse a la puerta de su casa, ver a la gente pasar y fijarse en su aspecto, su anatomía, si tenían la nariz grande o pequeña, si tenían los ojos rasgados o saltones, si eran bajos o altos… Había días, que quería descubrir con sus amigos, el principio del universo o también de dónde venimos los seres vivos, pero realmente para sus amigos, era un aburrimiento y preferían jugar a juegos banales. A Leonardo no le importaba, él solo con sus fantasías era feliz. Pero lo que más le llenaba era pintar.
Se las ingenió para pintar con el carbón del fuego de la noche anterior las paredes de su casa. Era cuando más a gusto se sentía, pintando.
Pasó de la infancia a la adolescencia y se dio cuenta que sus juegos se habían convertido en inquietudes y a la edad de diecisiete años, decide marcharse a Florencia donde trabajará como aprendiz.
Cuando entró por primera vez en aquel taller sintió que estaba en casa, ¿cómo podían existir tantas pinturas?. Para él era como estar en el paraíso. Tan bien se sentía, que aprendió rápido técnicas de dibujo y pintura. Tres años después, ingresa en la asociación de pintores de la ciudad de los Medicis.
Estudió con Andrea de Verrochio, con él hizo sus primeros trabajos, proyectos, diseños y pinturas. Al principio empezó haciendo retratos religiosos, pero también tenía ganas de hacer otras cosas. Quería cambiar de aires. Le propuso a su maestro irse a Milán. Andrea sabía que ese momento iba a llegar, Leonardo tenía mucha capacidad para pintar y allí ya no podía hacer más, así que decidió ayudarlo. Contactó con personas importantes, hasta que encontró el más adecuado, era el Duque Ludorico. Con una mezcla de tristeza pero también alegría, Leonardo puso rumbo a Milán.
Allí, gracias al Duque, conoció a la nobleza de Milán y empezó a hacer retratos de mujeres importantes, pero su capacidad intelectual era tan grande que no solo pintaba, sino que todos aquellos juegos que hacía de pequeño dejaron de ser fantasía para convertirse en realidad.
Decidió dejar un poco la pintura, para centrarse en otros terrenos que también le fascinaban. En su habitación no tenía apenas espacio para moverse, estaba lleno de hojas con dibujos, a uno de ellos le puso el nombre de helicóptero, a otro, carro de combate. También había un dibujo al que llamó automóvil y otro submarino. La gente que entraba en su habitación, no comprendía muy bien para que servía todo eso, e incluso algunos pensaban que era una pérdida de tiempo. Pero a Leonardo, como siempre, le daba igual lo que opinasen, él sabía que algo importante saldría de todo esto y que algún día, la gente opinaría lo mismo.
Por otro lado, también sentía la necesidad de escribir y hacer poesías. La escritura era otra vía de expresar sus inquietudes y pensamientos. Lo primero que escribió, fueron las siguientes estrofas:
-La belleza perece en la vida
pero es inmortal en el arte
el que no valora la vida
no goza de lo más importante.

-Hay que vivir el momento
porque el tiempo se va,
no hay que dejar perderlo
pues pasa y no volverá.

A través de la música, canalizaba sus sentimientos, así que aprendió e incluso escribió partituras. También ponía especial interés en la ciencia e ingeniería.
Su nombre cada vez sonaba más fuerte en la sociedad italiana, todo el mundo lo conocía por alguna de sus poesías, por alguna obra musical, por alguna escultura (que también tenía tiempo de hacer), por algún pensamiento filosófico, invento, arquitectura, en fin, que se había convertido en la persona con el mayor número de talentos en múltiples disciplinas que hasta el momento había existido.
Tras unos años regresa a su gran pasión, la pintura. Siguió haciendo retratos de cortesanas, encontraba en las mujeres un atractivo especial para pintarlas, solo ellas eran capaces de reproducirse. Había momentos que le hubiese gustado ser una de ella, para poder experimentar ese gran logro de la vida, llevar un ser vivo dentro.
En el año 1505, a los cincuenta y tres años, decide hacer un óleo, en él refleja una dama con una sonrisa enigmática, mirando ligeramente a la izquierda. En la cabeza le pinta un velo y la pinta sentada en un sillón, apoyando los brazos en los apoyos de este. Decide también, pintar un paisaje, que le recuerda el que él veía en los Alpes y pinta un puente para dejar constancia de lo importante que es para él la ingeniería i la arquitectura.
Estuvo prácticamente un año para acabarlo, pero cuando lo hizo, no tuvo dudas de que sería una obra maestra. Al cuadro le puso el nombre de La Gioconda, aunque también le gustaba La Mona Lisa.
Algunas personas que lo vieron, no sabían muy bien si en verdad se trataba de una mujer o que era un hombre con el cuerpo de mujer. Él, como siempre, dejó que cada uno pensase lo que quisiese.
Un tiempo más tarde, pintó en la pared de una iglesia lo que reflejaba la última cena de Jesús con sus discípulos. Leonardo, en todas sus obras encerraba un mensaje. A la derecha de Jesús, quiso pintar a María Magdalena, para darle según él, la importancia histórica que merecía. Para él, fue mucho más que una simple prostituta.
Había veces que pasaba desde el alba hasta el anochecer subido al andamio, sin dejar de pintar. Después pasaba tres o cuatro días sin pintar, pero sentado mirando con los brazos cruzados su obra. Cuando terminó, la consideraron la mejor obra de Leonardo.
A partir de este momento, lo consideraron un genio. Siguió haciendo muchas más cosas y es considerado un mito.

Sara Giménez Sanz 1Bat B.