dijous, 19 de gener del 2012

Fray Luis de León, como nunca visto.

Hace más de cinco años que estoy en esta fría y oscura habitación. No se escucha nada, solo el simple latido de mi corazón y los chirridos de un ratón que muerde una de las cerillas desgastadas que hay en el suelo. Estoy aturdido, solo tengo ganas de salir de este infierno donde no hay ni un simple rayo de luz, solo oscuridad.
Estoy más de una hora delante de un papel, de un simple papel, el cual no he podido escribir ni una simple letra. Mi mente esta descolocada, no sabe que hacer ni que pensar, es todo muy extraño... Hace una semana solo quería escribir, me pasaba los minutos, las horas, los días, escribiendo sin parar, como si todo mi mundo estuviera rodeado de letras y palabras. En cambio, ahora es todo más distinto... no puedo ni escribir una simple letra... me paso las horas viendo el papel y no escribiendo nada, es como si todas las ideas que tenia en mi cabeza hubieran desaparecido por completo.
Me siento cansado de no hacer nada, me paso las horas y los días haciendo siempre lo mismo y estoy arto, no puedo más. Noto como una sensación extraña se apoderara de mi, creo que es el deseo de la locura. Noto como me absorbe por dentro, como hace que mi sangre hierba y mi cabeza quiera explotar. Solo quiero salir, deseo el poder salir de esta pesadilla y volver al mundo real, ese mundo donde me pasaba las tardes y las noches escribiendo sin parar.
Estas son las palabras que quedan reflejadas en uno de mis papeles, que escribí en aquel cuchitril de cárcel en el que me metieron. Cuando estaba apunto de volverme completamente loco, un hombre muy bien vestido habrió la puerta de mi habitación y se dirigió a mi diciendo me ¡Puedes irte!, y yo, extrañado, coguí mis pertenencias, las cuales eran: dos lapices, unos cuantos folios escritos que tenia escondidos debajo de la cama y lo puesto, y salí de esa habitación oscura, de solo cuatro paredes.
Me llevaron por unos tuneles con los ojos tapados. Solo se oyian los gritos de esas personas que estaban pasando por lo mismo que había pasado yo estos últimos años. Cuando llegamos a una puerta grande de madera, me quitaron la venda que tenia en los ojos para no poder ver y una luz calida y brillante me cegaba... era la cosa más hermosa que había visto jamás. Era, los simple rayos del Sol, esos rayos que no pude ver ni notar durante más de cinco años. Nunca pense que esa simple cosa que había estado conmigo durante toda mi vida pudiera llegar a ser una de las más bellas del mundo.
Me fuí a mi casa, obserbando el lindo paisaje que tanto añoraba, oyendo el ruido que hacian las hojas quando el vinto las rozaba, era todo mágico y magnífico. Así que, solo llegar a casa y ver la mesa donde me pasaba las horas escribiendo, me vinieron todas las ideas que pensaba que habían desaparecido en mi cabeza... empecé a escribir, como si lo necesitara, como si fuera algo necesario para vivir, como si fura el aire que necesito para respirar, como si las palabras fueran una droga y yo un drogadicto que no pudiera vivir sin ellas... así que sin pensar en nada, empece a escribir...

Al fin tranquilidad
y la paz que tanto yo deseaba,
al fin prosperidad
que tanto yo anhelaba,
por sufrir más de lo que yo pensaba.

Al terminar me sentí feliz, tan feliz que en mi piel note una lagrima que me cayo a causa de la felicidad que me trasmitian esas palabras, esas insignificantes palabras escritas salidas de mi cabeza. Desde ese día todo volvio a la normalidad, todo volvio a ser como antes, las ideas volvian a mi cabeza sin pensarlas y los papeles en blanco eran como una leyenda para mi.

3 comentaris:

  1. Me gusta mucho como Carla expresa los sentimientos en este texto y en como puedes recibir la felicidad de muchas maneras como con recuerdos y no solo de personas.

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  2. Muy bien Carla, me gusta porque cuando una persona hecha algo de menos, por poco que sea lo aprecia mucho.

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  3. Te internas en la piel de Fray Luis y tratas de mostrarnos sus sentimientos en uno de los más dolorosos trances que puede padecer una persona.

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